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miércoles, 9 de julio de 2014

LOS 5 SENTIDOS DEL PERIODISTA



“Hace 50 años este oficio se veía muy diferente a como se percibe hoy. El periodismo era una profesión de alto respeto y dignidad, que jugaba un papel intelectual y político. Un periodista era una persona de importancia, admirada. Pero esto ha cambiado en los últimos 20 años”.

Así comienza Los cinco sentidos del periodista del magnífico escritor y periodista polaco, ganador del Premio Príncipe de Asturias, Ryszard Kapuscinski. Un libro de verdadero valor para cualquier periodista, un libro que ofrece consejos para el correcto uso del periodismo y una serie de apreciaciones sobre los grandes medios de comunicación, un libro que plasma una visión del mundo actual y de la globalización; en definitiva, un tesoro periodístico.

Realiza reflexiones muy profundas que son dignas de figurar en las bibliotecas de todo el mundo. Reflexiones que hacen pensar, que hacen preguntarse algún que otro porqué que nunca antes uno se podía preguntar. Reflexiones dedicadas para todas aquellas personas que nunca se han parado a ver el mundo tal y como es, todas aquellas personas que simplemente dan un repaso superficial a la realidad.

El polaco se dedica a desentrañar todo aquello que la realidad esconde, todo aquello que no se ve a simple vista, lo que el silencio clama, todo aquello que hay detrás de una simple apariencia, todo aquello que se tergiversa, las verdades a medias que nos ofrecen los medios de comunicación. Es decir, el mundo que no se percibe y que está oculto, que no se quiere que se perciba ni que esté a la vista de cualquiera.

Por algo se ha expresado en otras obras y en los medios de comunicación, que el escritor polaco es uno de los grandes maestros. Es un sabio que no se dedica exclusivamente a transmitir una pequeña parte de su ciencia completa, ni las enseñanzas literarias que pueda ofrecer, sino que se dedica a compartir muy generosamente toda su experiencia del mundo periodístico.

Un hecho muy importante que refleja la profesionalidad de Kapuscinski es que nunca impone su conocimiento sino que lo demuestra con su magnífica obra y las acciones que siempre ha mantenido. Siempre está dispuesto a encontrar la verdad de las cosas, aunque le cueste algo más que buscarlas y escribirlas.

Los cinco sentidos del periodista recoge unas conferencias del escritor en Cartagena y en México, unos apuntes concretos de los cursos dictados en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y unas posibles respuestas a preguntas realizadas por los alumnos. Su estructura es muy simple, el libro se divide en una serie de apartados; el oficio, los medios, el nuevo periodismo, la globalización y, por último, las preguntas del taller.


Cada apartado se subdivide en otros apartados o secciones. Algunas de estas secciones son: los periodistas y los trabajadores de los medios, un mundo virtual, la formación del cazador furtivo, cuestión de tiempo, maneras de escribir, distintas clases de libros, los caminos de la intuición, mirar de cerca, un término manipulable, el estado en la mira, la privatización de la violencia, burocracias globales, después del 11 de septiembre, mentalidad de aldea…y muchas más.

Cada sección ocupa muy poco espacio, pero son muy contundentes, aportan mucho contenido. Kapuscinski toca muchos temas periodísticos y de actualidad. Es una lectura obligatoria para cualquier amante de esta profesión. No simplemente por su lectura amena e interesante, sino porque es un autentico manual de cómo ser periodista y qué funciones debería desempeñar éste.

Cabe señalar, que el autor plantea numerosas paradojas a destacar: presenta el periodismo como una profesión cada vez más importante, a pesar de sus críticas y el estado actual de dignificación que sufre: “ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas”. Sin embargo, siempre mantiene que no son los medios de comunicación los que puedan solucionar los problemas sociales a nivel mundial, como la pobreza o la violencia, como algunas personas utópicamente creen.

Kapuscinski añade que el periodismo tiene el poder suficiente para participar y obrar en la mentalidad y en la sensibilidad de la sociedad, así como en la política: “debemos estar en guardia ante los que tratan de crear un nuevo tipo de mito, según el cual el desarrollo de los medios de comunicación resolverá los problemas de la humanidad”. Pensar así, no resuelve los problemas, se hacen mayores.

Para determinados sabios de la historia como Aristóteles el mejor gobernante es aquel que consigue ser el amigo de sus súbditos y hacer todo lo posible por su bien, para el escritor polaco es esa amistad el centro de su vida. Kapuscinski siempre ha mantenido que “la condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro” y que “el mejor camino para obtener información pasa por la amistad”.

En conclusión, el periodista ha de tener muchos amigos y estar bien rodeado de personas que influyan en algo. Esta profesión sin amigos no es viable, “durante mi experiencia profesional tuve muchos amigos que carecían de esta disposición de hacer amigos entre la gente, y tuvieron que dejar el periodismo porque no pudieron hacer mucho” manifiesta Kapuscinski en su libro.

Un buen periodista es capaz de ser competitivo, pero además, según el escritor polaco tiene que “ser capaz de tratar a los otros como sus amigos y no como sus enemigos, así puede desarrollarse y conocer el éxito”. Añade que los periodistas trabajan con las noticias y con las personas; “trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente”. Además de esto advierte que “el criterio ético debe basarse en el respeto a la integridad y la imagen del otro”.


Kapuscinski, fue un hombre que se formó en el régimen comunista donde el periodismo estaba totalmente manipulado y se ejercía bajo la censura. A pesar de ello, en Los cinco sentidos del periodista, sostiene que ejercer el periodismo es una misión al servicio de la sociedad y que ha de girar siempre en torno a la verdad.

Hace memoria y recuerda la primera reunión de jefes de estado de África en el año 1963 como “el cierre de una época en la que el periodismo se vivía como una noble vocación a la que las personas se entregan plenamente y para toda la vida”, en aquella reunión se acabó el periodismo por tradición; es decir, mediante la pluma, sin cámaras.

La visión del escritor no es pesimista a pesar de sus declaraciones. Afirma que en la actualidad aún existen muy buenos medios de comunicación aunque algunos hayan optado por el entretenimiento. En estos tiempos, hace entender, que los periodistas han de ser liberales en cuanto a pensamiento. No tiene que poseer ninguna atadura de otras épocas y reconocer que hay que ofrecer lo que el público reclama.

Con el primer apartado del libro, el oficio periodístico, el autor expone las transformaciones que la tecnología y la visión de la información como negocio han ocasionado. Ya no importa si la noticia es verdadera. Si una noticia no es interesante y no se puede vender, entonces da lo mismo. Los medios actuales se han convertido en un perfecta herramienta para los políticos.

Los políticos usan a los medios con el objetivo de manipular la opinión pública. Son una especie de instrumentos de  poder que construyen su propio mundo virtual sin reflejar la realidad. Sólo se interesan por lo que el resto de medios dicen para no dejarse ganar por la competencia.

Kapuscinski reclama al buen periodista humildad, dedicación, esfuerzo, trabajo de calidad, estudio permanente, dedicación de tiempo, autocrítica y, sobre todo, pasión por lo que desarrolla. No defiende la objetividad ni el rigor, simplemente afirma que un buen periodista es aquel que se introduce en los hechos con su inteligencia y con su sensibilidad. Además, recuerda que ellos son miembros de la sociedad y han de protegerla con sus ideas y ejerciendo adecuadamente su profesión.

El penúltimo tema, la globalización, el autor que es un hombre de un largo recorrido internacional, por encima de muchos y, sobre todo, que ha estado en los países del tercer mundo viviendo con esa gente en las mismas condiciones de miseria, se muestra contra la rotunda afirmación de algunos, los que afirman que la globalización es la que acabará con la pobreza y el subdesarrollo. 

Por desgracia la pobreza se ha incrementado notablemente y cada vez vivimos en un mundo más globalizado, existe un nuevo colonialismo y los estados pobres y débiles se han multiplicado por diez. Reflexiona mucho sobre este tema y le da mucha importancia. Se olvida un poco del oficio periodístico para dar importancia a este gran problema internacional.

Analiza las teorías de Francis Fukuyana, la de Samuel Huntington y la de Joseph Nye, señalando sus miopías, sus defectos o su falta de novedad, para luego mostrar que a pesar de que todos vivimos en un mundo relativamente pequeño, donde el poder de cada persona, del pueblo es muy corto, de treinta años para acá nos toca pensar en todo aquello relacionado con lo global.

Como conclusión final, hay que destacar que aparte de lo interesante que son las observaciones y enseñanzas del autor, es muy interesante descubrirle a él directamente. En tan sólo 67 páginas hay muchos elementos que permitirían hacer una memoria, un libro biográfico sobre Kapuscinski. Se capta a un hombre corriente y a la vez excepcional.

A pesar de haber vivido en un régimen comunista de gran represión no guarda rencor, ni está condicionado por su vida pasada. Fue corresponsal en muchas guerras y por hacer su trabajo asumió muchos riesgos con gran valentía. Por las informaciones que he buscado sobre él, hay que señalar que fue un hombre de gran corazón que mantuvo su vida privada oculta y se centró en su profesión haciendo de ella un gran oficio.

En resumen, era disciplinado, dedicado, paciente, gran conocedor de la psicología humana, gran lector de todo tipo de lecturas, poeta y muy inteligente. Descubrió cómo poder trabajar complaciendo a la agencia de noticias de la cual era empleado y simultáneamente llenar a sus aspiraciones más hondas de escritor y poeta.

jueves, 23 de mayo de 2013

POPULISMO NO EXISTE



¿Cuántas veces hemos escuchado calificar de ‘populistas’ a algunos gobernantes, sobre todo en América Latina? Todas esas personas y medios de comunicación que lo hacen despectivamente, que sepan que es un vocablo que no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y que, por tanto, no existe. Algunos medios se han puesto a la labor de darle su propio contenido a esta palabra. Por ejemplo, en el diccionario del diario El Mundo, lo define como “movimiento político ruso de finales del siglo XIX, que aspiraba a la formación de un Estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental”.

Es decir, que los ‘populistas’ latinoamericanos, además de socialistas como los rusos, están en contra de la industrialización y nos quieren llevar al período agrícola. Es de traca, menos mal que es uno de los periódicos más importantes de España, cómo será el resto. Es lamentable, pero ahora lo que se hace es calificar de ‘populistas’ a los gobernantes que no son del gusto del medio. Por ejemplo, en el diario, supuestamente, más importante de España (El País), titula un artículo “Populismo en auge”, y trata sobre la subida electoral de Holanda de un partido ultraderechista y xenófobo contra inmigrantes y musulmanes. Pero no acaba aquí la cosa, el diario oficial del Vaticano (la Iglesia siempre en medio) llamó a José Saramago, con motivo de su fallecimiento, “extremista populista”.
Conclusión, que para nuestros medios, 'populistas' son los socialistas rusos, los ultraderechistas holandeses, los escritores críticos con la Iglesia, el gobierno indígena de Evo Morales, pero también el xenófobo europeo que odia a los inmigrantes indígenas latinos. Y, también, todos y cada uno de los gobiernos latinoamericanos que no se ajustan al ideario de la prensa. Como dice Pascual Serrano, “la idea es que, sea usted de la ideología que sea, no tenga duda de que a quien ellos califican de ‘populistas’ es malo. Ya no debe preocuparse en pensar nada más”.

FUENTES:



SERRANO, Pascual (2012). Periodismo Canalla. Los medios contra la información. Madrid, Icaria.


viernes, 22 de marzo de 2013

DURACIÓN PUBLICITARIA


¿Cuántas veces nos hemos quejado de la duración de los anuncios de televisión? Como espectador me molestan mucho, es lógico y normal. Sin embargo, todos queremos consumir un buen programa, una buena información o una buena serie y eso alguien tiene que pagarlo. Como periodista estoy completamente a favor de la publicidad y de su larga duración, cuanto más dinero ingresen los medios más facilidades de empleo tenemos o no, pero al menos podremos ver algo de calidad. Poca, pero algo es algo, peor lo tienen en Italia. El tándem publicidad y medios de comunicación es tan importante como el de políticos y periodistas.
 
Sin embargo, la larga duración publicitaria sólo favorece a los medios. Los espectadores, obviamente están en contra pero, lo que resulta más sorprendente, es que los propios anunciantes también lo estén. En la Ley Audiovisual el límite de proyección de anuncios es de 20 minutos por cada hora de emisión, contando la autopromoción. De esta forma, la mitad del tiempo que vemos la televisión estamos consumiendo publicidad.

Según El Mundo (2-09-2009), la Asociación Española de Anunciantes (AEA) pedía que el Consejo de Estado, en el anteproyecto de la Ley Audiovisual, limitara el tiempo permitido de publicidad en televisión. Esto se debe a que el exceso de anuncios pierde la efectividad de los mismos. Ya que, según este periódico, en 1991, de cada 100 spots emitidos no se veía el 2,5%, mientras que en 2007 la cifra se había aumentado en torno al 60%, es decir, de cada 100 anuncios sólo se veía uno.

Las empresas anunciantes afirmaban que “la saturación publicitaria con bloques de larga duración impide el normal disfrute de cualquier programa, estos se alargan innecesariamente y, en algunos casos, se llega a extremos en los que para ver los últimos minutos de una película o serie el espectador tiene que soportar bloques de 20 minutos. Esta situación tiene como consecuencia un rechazo al medio, y un rechazo al anunciante que financia dicho medio”.

Por tanto, los consumidores y anunciantes han conseguido que el medio se vaya a paseo, gracias al excesivo abuso publicitario. Cuando hay anuncios los espectadores no prestamos atención, y en muchas ocasiones aprovechamos para hacer otras cosas. Pero es totalmente normal, lo que no es normal es el sistema que aplican los medios. Siempre es bueno saber que algo en su justa medida es beneficios pero que si sobrepasa, puedes perder todo aquello que pretendías conseguir.

miércoles, 20 de marzo de 2013

EN BOLONIA NO TIENEN PLAN


En España todo el mundo sabe -más o menos- lo que es el plan Bolonia. Sin embargo, en Italia no tienen ni idea de lo que es. ¿Por qué? Básicamente porque no existe. Curiosamente, este plan de estudios universitario que lleva el nombre de una de las ciudades universitarias más famosas de Italia, no está implantado en este país. Sí, es verdad, supuestamente es un plan europeo, que se firmó en 1999 por muchos miembros de la UE, incluido Turquía; sin embargo, cuando entras en una clase de una universidad italiana, te das cuenta de que no se lleva a cabo.

Puedo hablar sobre el plan Bolonia de dos formas. Una, sobre la eficacia que puede tener de cara a realizar el trabajo y otra, sobre cuestiones financieras. Pertenezco a la primera generación de este plan de estudios universitario de España. Año 2008. Universidad Carlos III de Madrid. Grado en Periodismo, sí Grado. Las horas de clase son ridículas y se tarda un año menos en acabar la carrera; sin embargo, a la hora de trabajar, he de decir que me ha favorecido mucho. ¿Por qué? Una cosa es estudiar la teoría y, otra muy distinta, es estudiar la teoría y aplicarla en la práctica. Se nota. Las prácticas realizadas día a día en la universidad me han servido para desenvolverme perfectamente en una redacción. En este sentido olé.

Ahora bien, tras la II Guerra Mundial, era necesario formar a muchos trabajadores cualificados, debido a las demandas del tejido productivo. En la actualidad, la demanda laboral ha cambiado totalmente. Existe una sobrecualificación y el mercado laboral ya no requiere tanta cantidad de especialistas. Hoy en día, lo que se pide, en muchos casos, son trabajos que requieren baja o nula cualificación. La prueba fehaciente es el incremento de reponedores, camareros, dependientes o limpiadores que hemos experimentado en los últimos años. 

Así pues, las universidades se han visto obligadas a reconvertirse según las nuevas demandas productivas. De esta manera, se ha producido la vinculación de financiaciones públicas y privadas. Es decir, en la actualidad, el Estado invierte solamente en aquello que las empresas han mostrado mayor interés. Las áreas que resultan indiferentes para el tejido productivo -como el periodismo, la filosofía, la comunicación audiovisual, la psicología o, generalizando, las ciencias puras- cada día reciben menos ayudas. Parte de culpa lo tiene el plan Bolonia y las nuevas normativas de educación. Pero...¿qué es más barato: un parche o un neumático nuevo?

martes, 19 de marzo de 2013

CALENTANDO MOTORES


Miles de periodistas españoles terminan sus estudios y se hacen la siguiente pregunta. ¿Y ahora qué hago? Esta situación se puede extrapolar a otros ámbitos profesionales. El momento por el que estamos pasando en España está poniendo en evidencia a nuestra sociedad, a nuestra economía y, por supuesto, a nuestra política. La banca y la política, la política y la banca. Uno se pone al servicio del otro a costa de los derechos de los ciudadanos y el otro refleja en el uno, una crisis de la que hoy en día no se puede salir.

En toda situación precaria, sea guerra, terrorismo o crisis, los ciudadanos entramos en un estado de shock. Y es en este punto cuando los medios de comunicación se convierten en los elementos más importantes para el desarrollo y futuro de cualquier país. Aquellas personas que crean que los medios no son importantes, deberán pararse a pensar qué situaciones han provocado en el pasado. Por ejemplo, el ascenso de Hitler al poder y la creación de la dictadura más sangrienta que se recuerda.

El buen periodismo es un pilar básico en una sociedad, y digo buen periodismo porque el que las grandes empresas practican no lo es. Los grandes medios de masas -no de información- son capaces de crear alarma social, de hacer creer al ciudadano cosas que no existen, de manipular al individuo según sus intereses o de desinformar hasta tal punto que puedan crear vinculaciones inaceptables. Por tanto, el buen periodismo no es el que maximiza beneficios, es el que ofrece información veraz y rigurosa.

La profesión periodística está -gracias a las grandes empresas mediáticas- en su peor momento. Hoy en día parece que el periodismo sólo crea desconfianza, que no tiene un peso importante en la sociedad y que no sirve para nada. Sin embargo, todo esto debería ser al revés. ¿Dónde está John Reed, Ryszard Kapuscinski, Tiziano Terzani o Indro Montanelli? Grandes entre los grandes que siempre velaron por la verdad más verdadera, por la exhaustiva contrastación de las fuentes y por la argumentación de su subjetividad. Y digo subjetividad, porque todo aquel que diga que es objetivo es un hipócrita. 

Tersani expresó -bajo mi punto de vista- de forma magistral lo siguiente: "Debo decir con toda sinceridad que siempre he despreciado a los anglosajones que afirmaban ser objetivos. ¡Pamplinas! Yo no he dicho nunca que soy un periodista objetivo porque no lo soy. Porque nadie lo es, y los que afirman serlo son falsos e hipócritas. ¿Cómo puedes ser objetivo? No lo eres nunca. Porque, como nos enseña Kurosawa en la película Rashomon, la misma historia vista por seis personas distintas son seis historias distintas. Porque la manera en que miras un episodio, los detalles en los que te fijas, los olores que percibes son tu elección personal, que influye muchísimo en tu juicio" (SERRANO, 2012: 87).

viernes, 6 de abril de 2012

CONFLICTO TAMAYO



Corren malos tiempos para la teología. La que era considerada una ciencia superior a la filosofía ahora gracias a la jerarquía del catolicismo se ha convertido en “una materia de investigación”. El Vaticano ha anunciado que los teólogos deben someterse a los obispos ya que estos son “los auténticos intérpretes de la fe”. La primera víctima de los teólogos es Juan José Tamayo.

Teólogo y profesor de religiones en la Universidad Carlos III de Madrid, realizó dos conferencias la semana pasada: una en Valladolid y la otra en Palencia. Ambas fueron convocadas por la Universidad de Valladolid y la Universidad Popular de Palencia, respectivamente. El obispo palentino ha execrado severamente su conferencia ya que no ha sido convocada por la iglesia católica.

El teólogo presentó su último libro “Otra teología es posible. Pluralismo religioso, interculturalidad y feminismo” que ha causado un gran impacto dentro de la Iglesia. El propio autor no esperaba el revuelo causado ya que “no es de los libros que creyera importantes”. El libro no se dirige a los cristianos concretamente, sino a todos aquellos que están interesados en construir una sociedad más justa.

La presentación del libro surge gracias a la profesora de la Universidad de Valladolid, Asunción Esteban Recio, la cual propuso presentarlo en la propia universidad vallisoletana. Uno de los conceptos a destacar de la obra es que las religiones y las culturas no deben ser frentes de conflicto violento sino espacios de encuentro en busca de una convivencia solidaria basada en la justicia y en la paz.

Tras la conferencia, los diferentes medios comunicaron la información y ofrecieron un tratamiento informativo y crítico. El País aprovechó su conferencia para criticar duramente al obispado y dejar claro que, de una forma u otra, existe una Inquisición, que se esconde tras el nombre de Congregación para la Doctrina de la Fe. Además de informar sobre los puntos más importantes del pensamiento del palentino.

El Diario Palentino trata la noticia desde un punto de vista informativo. Hace hincapié en las palabras textuales que Tamayo explicó en la conferencia, sus pensamientos sobre la iglesia católica, el principal objetivo del libro y su ideología y su creencia en la comunidad cristiana. El palentino se muestra católico ya que trabaja defendiendo lo universal y asegura que no se considera excluido de la Iglesia.

Por último, destacar El Norte de Castilla donde se expresa claramente el pensamiento de Tamayo, al afirmar que la institución eclesiástica “no hace examen de conciencia, sino que culpa a otros”. La información se presenta en forma de entrevista, donde se muestran preguntas tales como: de qué habla el libro, el feminismo, opinión del aborto o sus relaciones con la Iglesia.

martes, 14 de febrero de 2012

TRATAMIENTO INFORMATIVO SOBRE LA VIOLENCIA DE GÉNERO



Son muchas las mujeres asesinadas por sus cónyuges año tras año en nuestro país que no pasan desapercibidas en los medios de comunicación. Existen numerosos casos donde el poder mediático es responsable, directo o indirecto, de maltratos y asesinatos debido a un tratamiento informativo impropio. Es muy importante que el periodista cada vez que informa tenga presente que el poder de sus palabras en este tipo de conflictos violentos puede resultar transcendental.

En el año 1998, una mujer fue apuñalada por su marido porque ésta no quiso asistir al talk show –o reality show– de Antena 3, Lo que necesitas es amor, a escuchar sus súplicas de reconciliación. En casos similares, muchas de las mujeres que participaron en este tipo de programas televisivos para denunciar públicamente sus casos de maltrato, fueron asesinadas a manos de sus maridos o exmaridos. Ana Orantes (1997) fue quemada viva tras hablar de su situación en Canal Sur; o Ana Belén (1998), acuchillada tras hablar en directo en el programa de Ana Rosa Quintana.

El último de este tipo de sucesos, donde el medio de comunicación es directamente responsable, fue a finales del año 2007, cuando una mujer fue mortalmente maltratada tras participar en el programa vespertino El diario de Patricia, también de Antena 3 –es meramente casual que en este medio se hayan producido estos acontecimientos, ya que en otros, sobre todo televisivos, también han existido o existen programas con formatos similares, por lo que en ningún caso critico en especial a esta cadena– que fue víctima de durísimas críticas.

El hecho en cuestión se produjo cuando el ex novio de la víctima y presunto autor de los hechos, con un largo historial de maltratador y con una orden de alejamiento incluida, había recurrido a la desesperada al programa para pedir públicamente en el plató una nueva oportunidad. La víctima le rechazó sin dudar. Hago especial hincapié en este caso porque la mujer no tenía conocimiento alguno de por qué el medio la había invitado. Error tremendo por parte de la cadena televisiva que debemos aplicar en todo su significado.

Como es lógico, cuando se supo que la víctima había sido esa persona, la reacción instantánea de la opinión pública, recordó que algún caso de este tipo se veía venir y pidieron la inmediata retirada del programa poniendo otros ejemplos de casos de mujeres asesinadas tras intervenir en este tipo de formatos. La cadena y la productora; sin embargo, mantuvieron una posición firme en defensa del programa, alegando que no se hacían responsables de lo que conllevaba una intervención de libre expresión en materia de contenidos. No se retiró el programa.

Como dice un tópico literario de origen bíblico: Nihil novo sub sole (Nada nuevo bajo el sol), es decir, que todo se repite y es cíclico, es un hecho que no aporta nada novedoso a la experiencia y todo permanece constante. Fue lo que, en resumidas cuentas, los directivos de la productora y cadena alegaron en defensa de su programa, sin entrar en el conflicto moral que por entonces suponía este hecho.

A raíz de este triste suceso, la que en ese momento era Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, convocó una reunión urgente a todos aquellos representantes de las televisiones de ámbito estatal –privadas y públicas por separado– con el principal objetivo de proponer una serie de medidas referidas al tratamiento informativo de la violencia de género en los diferentes espacios mediáticos.

Con el vigente Plan Nacional de Sensibilización y Prevención de la Violencia de Género (Ley Orgánica 1/2004) se estableció cómo se debía actuar por parte de los operadores televisivos, las organizaciones en defensa de las mujeres y las asociaciones de consumidores y usuarios. Todo ello se quedó en una iniciativa –ni siquiera avanzó lo más mínimo, fue una promesa no cumplida por parte de todos– que a pesar de ser muy meritoria, de haberse llevado a cabo, podría haber sido una ocasión de oro para detenerse en las posibilidades y los límites del tratamiento informativo mediático de nuestro país sobre este asunto.

Debemos especificar que el tratamiento de la violencia contra las mujeres en los medios es totalmente diferente dependiendo del tipo de formato al que nos refiramos. En cuanto a información, los medios han realizado un papel fundamental en lo que llamamos agenda setting,  –influencia que tienen los medios de masas sobre el público, al determinar qué noticias poseen interés informativo y cuánta importancia se les puede dar– al tener una gran consideración social sobre la importancia del conflicto.

Por la extensión de la presencia de este tema en los medios, el maltrato y las agresiones hacia las mujeres son noticia y cada vez interesan más desde el punto de vista periodístico y económico. El profesor y doctor en sociología,  Juan Menor se ha referido en su libro a “la capacidad de convertir cada conflicto violento hacia las mujeres en un suceso informativo a estudiar y reflexionar, y a seguir a la hora de concienciar a toda la audiencia sobre otros problemas sociales de fuerte magnitud” (Los estudios sobre el tratamiento del SIDA en los medios de comunicación. Juan Menor, 2007).

La presencia informativa de la violencia contra las mujeres no se limita sólo al ámbito de las noticias e informaciones televisivas, sino que ocupa cada vez más espacio y tiempo en las secciones de opinión, artículos, editoriales, entrevistas y reportajes de medios escritos y radiofónicos. El tratamiento ha pasado de circunscribirse al mundo de los sucesos (programas de televisión como Gente de TVE) a incorporarse a un periodismo social y de carácter político-institucional. Podemos concluir con que la violencia de género es hoy por hoy una cuestión de Estado.

Otro de los aspectos a destacar es la contradicción en la terminología empleada en las narraciones de los hechos y en el tratamiento de los protagonistas. Violencia doméstica o violencia de género, términos baladí que son difíciles de expresar ya que cada una de estas opciones lingüísticas connota visiones e interpretaciones muy diferentes de cada conflicto violento contra las mujeres.

Cuando los medios de comunicación hablan de violencia “de género” hacen especial mención al entorno y al espacio donde residen las relaciones interpersonales. Sin embargo, la violencia “doméstica” afecta a todo el ámbito familiar, incluyendo parejas –la relación de éstas con sus ascendientes y descendientes– o los abusos paternos filiales o contra las personas más débiles del sistema como los ancianos y los niños. Incluso, podríamos referirnos a la violencia contra las personas que realizan un trabajo doméstico como las asistentas de limpieza o las niñeras. Por tanto, las víctimas por ser mujeres “quedan rescatadas” cuando hablamos bien de violencia machista –o de violencia sexista – o bien de violencia de género.

Para una mayor comprensión de lo que supone realizar un correcto tratamiento informativo sobre este tema, hay que tener en cuenta un conflicto general que precede y trasciende a las situaciones particulares: la identidad masculina y la identidad femenina. Podremos actuar eficazmente –sólo si se hace anticipada o preventivamente– contra la violencia de género si se asume que en nuestra sociedad se entiende por ser hombre o mujer algo diferente. “Una distorsión que está presente en cualquier momento cotidiano: los cuentos de la infancia, los dibujos animados, los eventos deportivos –tenis, fútbol, baloncesto– los mitos antiguos o modernos y, por supuesto, la mayoría de productos de ficción audiovisual” (Eriksen-Terzian, A. 1998 Télévision et Sexisme).

Existe una tendencia general –por desgracia– a la dominación por parte del varón que se explica tan sólo por los atributos masculinos. Por contradecir a la filósofa de tendencia feminista francesa, Simone de Beauvoir –que siempre expresaba que tanto el hombre como la mujer eran iguales en la sociedad con rasgos hipócritas– hoy por hoy aún existe desigualdad.

Como dice el presidente de la Asociación de Usuarios de la Comunicación, Alejandro Perales, en su reportaje La violencia contra las mujeres y su tratamiento mediático, “existe siempre el riesgo de la puesta en cuestión de esa identidad masculina en la relación con otros hombres pero, sobre todo, en la relación con las mujeres con la consiguiente pérdida del derecho de propiedad sobre ellas. De ahí el odio, la rabia, la impotencia que generalmente cursa con las actuaciones del agresor. Esta es la verdadera clave, el núcleo fundamental de las razones de la violencia de género como categoría”.

Teniendo en cuenta esto último, debemos decir con rotundidad que existe una carencia en la información sobre la violencia de género –también puede ocurrir con el terrorismo– respecto al tratamiento mediático que recibe el agresor. El menosprecio en este tipo de actos hacia el agresor suele ser claramente reduccionista e intenta establecer sin fisuras la imagen del agresor y de la víctima. Las referencias verbales dirigidas a los agresores hacen que se presente como un criminal o como un enfermo psicópata y esto no es lo que se persigue.

Cuando los medios se refieren al agresor tan sólo como un psicópata o un criminal, no consiguen ir más allá en el análisis causal de su comportamiento, lo cual puede reducir o impedir la violencia de género a través de medidas terapéuticas y educativas y acelerar las represalias, que pueden ser preventivas en algún caso, pero no solucionan el conflicto, amén que puedan arbitrarse contra el agresor individual.

Principalmente para un buen tratamiento informativo se intenta buscar que el agresor es una persona que obviamente no tiene razón y que tampoco posee razones ni argumentos para actuar como actúa. Nada más. Prudencia y la palabra “presunto” no deben de desaparecer a la hora de escribir. El principal problema es que se exagera la información, se enfoca de una forma diferente y muchas veces se cae en el morbo y en el sensacionalismo que, por contra, es lo que más vende y seguramente lo que de forma directa se persiga, cometiendo un grave error informativo y periodístico.

Pero como no todo es malo, también hay que decir que el tratamiento informativo de la violencia machista en este país ha tenido también consecuencias muy positivas. Este problema social se ha hecho cada vez más visible como problema general de toda la sociedad –equiparándose a un problema de terrorismo– y se ha conformado un “cierto modelo axiológico de empatía con las víctimas” (Alejandro Perales, 2007) que ha conseguido la creciente presencia de éstas en medios para alzar la voz.

Toda la fuerza en las declaraciones y las opiniones que todas las mujeres maltratadas o de colectivos de mujeres implicadas con el problema, son tan importantes como la insistencia de las autoridades en erradicar el problema. También para conseguir no sólo informar, sino también generar una actitud positiva por parte de toda la sociedad, así como facilitar el aprovechamiento de los dispositivos y recursos de atención disponibles por parte de las víctimas actuales y potenciales. El medio más conocido es el número de teléfono 016, –el cual tiene algunos fallos de registro que pueden “avisar” al agresor de la víctima– pero esto es un tema diferente.

Además, debemos mencionar aquí el esfuerzo realizado durante años por los consejos para proveer a los profesionales de la comunicación sobre el tratamiento de violencia de género una serie de pautas informativas –como la iniciativa del Instituto de la Mujer y del Instituto Oficial de Radio y Televisión así como el Decálogo de recomendaciones a los medios de comunicación para el tratamiento de la violencia contra las mujeres– y la propia iniciativa del Gobierno de pedir a los periodistas que cuando traten el conflicto faciliten datos sobre los recursos, entidades de apoyo y asesoramiento a los que las mujeres maltratadas pueden recurrir y de esta forma, se sientan menos amenazadas y acosadas.

Los medios en ocasiones ofrecen informaciones de lo que debería ser pero por otro lado se discrimina en cierta manera a la mujer en la publicidad. También en casos de relaciones intersexuales que podemos observar en series de televisión juveniles, en los videojuegos, en las canciones y, sobre todo, en la pornografía. Lo que ocurre en los realities que he mencionado al comienzo de este trabajo. Como afirmaba la Vicepresidenta del Gobierno, “la violencia de género no puede ser un espectáculo” y muchas veces se cae en este error. Tras el interés humano se esconde un tratamiento descontextualizado que se refuerza en este tipo de formatos que entretienen a base de conocer los testimonios de víctimas famosas o de la calle.

Este tipo de tratamiento no hace otra cosa que conseguir el sensacionalismo y lo que la investigadora Fernández Díaz –en su libro La violencia sexual y su representación en la prensa (2003)– denomina la violencia de consumo. Se intenta conseguir así el morbo, todo aquello que pueda despertar la atención de la audiencia, a través del drama cotidiano de las maltratadas que, en muchas ocasiones, realizan un discurso totalmente guionizado por razones productivas –para subir o mantener la audiencia– con lo que la información es reduccionista y estereotipada, que no facilita una mayor información sobre el verdadero conflicto.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto anteriormente debemos reflexionar, tanto medios como los profesionales sobre tres puntos fundamentales. En primer lugar debemos  señalar que no se puede trabajar ni sacar provecho de materiales que conllevan un alto grado de sensibilidad y de riesgo social. Los encuentros, las  reconciliaciones o los problemas de este tipo expuestos en los realities como El diario de Patricia es un mero espectáculo televisivo sin el más mínimo respeto por la dignidad de la sociedad. Se debe controlar este tipo de formato sensacionalista aunque ello conlleve a una bajada –o no– de las audiencias.

En segundo lugar, en el caso de Antena 3 y su programa, en ningún momento se puede contactar con un invitado sin expresar el porqué de su invitación y ni mucho menos, llevarlos engañados. Pone en riesgo la libertad de las personas a la libre elección de sus actos y atenta contra varios principios del derecho. Y por último, reflexionar sobre si el negocio económico de los medios de comunicación está por encima de la dignidad humana, así como la emisión de programas para adultos en horario infantil.

Como conclusión, decir que tanto en el conflicto violento de maltrato como en otros ámbitos, la telebasura hace que se cometan verdaderos atentados periodísticos y un tratamiento informativo inadecuado. Erradicar este tipo de programas parece una misión imposible, pero espero que en un futuro se tenga conciencia del daño que hacen a la sociedad y que los televidentes cuando se sienten en frente de la caja tonta sean conscientes de que se deben tomar medidas preventivas. De nada sirve que se elimine un programa y comience otro igual y tampoco sirve que tomemos medidas cuando los hechos ya hayan pasado. La mujer muerta, muerta está y nadie, por mucho que se elimine el programa o cualquier causa de su muerte, podrá devolverle la vida.

Los casos expuestos tan sólo son una parte minúscula de lo que podemos tratar acerca de este tema y todos debemos ser conscientes, periodistas o no, que desde el caso Ana Orantes, es quizá en nuestro país, el problema más importante que tenemos.

BIBLIOGRAFÍA


Los estudios sobre el tratamiento del SIDA en los medios de comunicación. Juan Menor, 2007

La violencia sexual y su representación en la prensa. Fernández Díaz, 2003
La violencia contra las mujeres y su tratamiento mediático. Alejandro Perales

Télévision et Sexisme. Eriksen-Terzian, A. 1998

Simone de Beauvoir. Bibliografías