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miércoles, 9 de julio de 2014

LA SANTA INQUISICIÓN



La Iglesia inventa la Inquisición para salvar almas humanas, sin embargo, acaba produciendo un sufrimiento humano inenarrable. La palabra inquisición conlleva imágenes de tortura y crueldad. Esta práctica se utilizaba exclusivamente para sonsacar informaciones. Entre sus víctimas se incluyen a Juana de Arco y Galileo pero no tenemos constancia de qué sucedió y por qué. Básicamente, todo lo que se ha afirmado sobre la Inquisición es erróneo por completo. Lo es, porque nunca hubo acceso a la realidad que escondía.

En el año 1998, Juan Pablo II, convoca un tribunal especial de historiadores y académicos para celebrar un simposio de lo que él mismo denominó “una fase tormentosa en la historia de la Iglesia”. Para ayudar a este tribunal en sus investigaciones, el Papa anuncia la apertura pública de los archivos secretos de la Inquisición, que habían estado fuera del alcance de los académicos durante casi 200 años. ¿Debería la Iglesia católica pedir disculpas? El tema es muy controvertido, incluso entre historiadores.

Nunca existió una única Inquisición, sino instituciones diferentes en países como España, Portugal e Italia. Lo que tenían en común era el miedo a la herejía religiosa. Los herejes eran todas aquellas personas que desafiaban el dogma de la Iglesia. En el siglo XII, la herejía se convierte en un peligro mortal para la sociedad y para el hombre en una traición a Dios. Los acusados serían condenados a muerte y sus vienes quedarían confiscados. A pesar de estas amenazas existían grupos que interpretaban a Dios de forma diferente, como los valdenses y los cátaros.

En el siglo XIII, la Europa occidental era un foco amenazante de herejía. Una conspiración cátara asesina a un representante papal, enrabietado, el Papa Inocencio III ordena realizar una dura cruzada contra los herejes, la Cruzada Albigense. Posteriormente, tras nuevas formas de herejía, Inocencio III congrega a los líderes religiosos en Roma y promulga unas nuevas normas para la persecución de clérigos descarriados y herejes, una innovación de la que no se necesitaba más que una sospecha para asesinar. Así nace la Santa Inquisición.

Gregorio IX, crea un grupo específico para llevar a cabo este tribunal, los inquisidores. Así comienza la verdadera Inquisición medieval. Por desgracia, los inquisidores eran fanáticos que no cumplían con las normas. Uno de ellos se inventó que en Alemania existía una secta secreta llamada Luciferinos, con el objetivo de asesinar. El modus operandi de éste inquisidor era reclutar a tropas para cazar a cualquier sospechoso de herejía. Sin ningún tipo de prueba los enviaba directamente a la hoguera, todo ello para impresionar al Papa.


Con todo ello, el Papa Gregorio IX confía en los frailes dominicanos la labor de inquisidores y los reparte por toda Europa. Establecían edictos de gracia para que cualquier persona confesara ser hereje, cuando este periodo terminaba, se procedía a lo más sanguinario, los edictos de fe. Cualquier persona podía culpar a alguien de herejía sin ninguna prueba y acto seguido, si esa acusación provenía de más personas, el acusado era quemado vivo. La mayoría de estas personas no sabían de su acusación hasta el propio día de su muerte, para evitar que éstos huyeran.

¿Cómo los inquisidores realizaban su trabajo en secreto? Existen documentos en los que se ofrecen informaciones aproximadas de ese periodo. Uno de ellos es Conducta de interrogación relacionada con la depravación hereje, escrito por Bernard Guie en el siglo XIV, del cuál se inspiró la novela En el nombre de la rosa en el que expone de primera mano cuál era su función y cómo procedía. Posteriormente, otro documento llamado Directorium Inquisitorum describía cómo debían actuar los inquisidores del siglo XIV Y XV.

A modo de resumen, una vez condenada una persona era muy difícil que saliera libre del interrogatorio. Realizaban una serie de trucos psicológicos hasta que el acusado por agotamiento confesara algo que no había hecho. Por ejemplo, los inquisidores se sentaban con una pequeña vitela en las rodillas y la miraban y comprobaban mientras el acusado daba su testimonio, después hacían como que no era posible que fuera verdad. La cuestión es que hacían todo lo posible por llegar a su verdad y si era necesario pisotear todos los derechos de los acusados.

Pero sin lugar a dudas, el aspecto más espeluznante en el trabajo del inquisidor era la tortura. Anteriormente no se concebía, pero tras el asesinato de un inquisidor a manos de los cátaros, el Papa Inocencio IV abre la veda y deja que métodos de tortura entren en vigor contra los herejes, ya que éstos eran asesinos y ladrones de almas. Se aplicaba a todo aquel que no decía la verdad o que decía menos de lo que sabía. Los responsables no eran los inquisidores, sino profesionales en causar dolor. El método más común de tortura en la Edad Media y el Renacimiento era la estrepada.

¿Realmente estaba la herejía tan extendida o eran los inquisidores que utilizaban su poder y causaban el terror y obligaban a hacer confesiones falsas? El periodo de espera al día del juicio se trasladaba a azotamientos públicos y trabajos forzados, además llevaban distinciones para hacer pública su vergüenza. La persecución era tal que las personas fallecidas hacía años y que habían sido herejes eran exhumados y calcinados. La condena a la hoguera era la peor de las muertes ya que podían estar horas hasta que las llamas consumieran a los acusados.

El siglo XIV fue testigo del punto álgido de la campaña de la Inquisición. Gracias al inmenso poder de la Iglesia combatían con la misma dureza a miembros del mismo cargo religioso. Gran parte de los franciscanos decidieron desvincularse de todo aquel terror. El Papa Juan XXII les acusa de abandonar la doctrina de su fundador, San Francisco de Asís, y ordena a la Inquisición que acabara con sus vidas. En este periodo la mayoría de herejes fueron erradicados por completo y parecía que la Inquisición desaparecería, sin embargo, esto no sucedió.

La cacería y el castigo de brujas resucitan el proceso con una venganza. Se consideraba herejía puesto que se creía que para conseguir poderes, el hechicero debía renunciar a Dios y rendir un homenaje al Diablo para conseguir esos poderes. Francia estaba en bancarrota por diferentes conflictos armados, el rey Felipe el Hermoso tenía envidia de las riquezas de los caballeros de la Orden del Temple y les acusa falsamente de brujería. Se quemaron a miles de Templarios por toda Europa. Fue una verdadera manipulación cínica por parte del rey francés.


Un siglo después, Juana de Arco fue quemada viva por el miedo que la Iglesia tenía por su poder político. La Inquisición alegaba que su inspiración (voces) la recibía del Diablo y, por tanto, era brujería. En el siglo XV, se publica Malleus Malificaru, un documento que proporcionaba consejos legales y varias técnicas para acusar, torturar y sentenciar a las brujas. Se trata del documento más infame de la historia que muestra con más descaro la misoginia. “Cuando una mujer piensa por sí misma, sólo piensa cosas malas, como son malas sucumben a la brujería”, explicaba.

Este manual se convierte en un best-seller y se traduce a 4 idiomas. Estaba destinado en convertirse fuente de inspiración de los cazadores de brujas laicos, católicos y protestantes que aterrorizarían Europa y Norteamérica durante los siglos XVII Y XVIII. Hacia mitad del siglo XV, sin ninguna novedad por parte del Vaticano, la Santa Inquisición comienza a desvanecerse lentamente. Sin embargo en España, los Reyes Católicos, reanimaron el tribunal haciendo que su fuerza recayera en los propios españoles.

Los judíos europeos durante el periodo medieval estaban siempre en una situación precaria. Una serie de conflictos religiosos despertaron antiguos perjuicios hacia ellos, la quema de sinagogas y asesinatos se pusieron a la orden del día. La solución de las instituciones españolas fue expulsar a todos los judíos que no se convirtieran al cristianismo. Los conversos prosperaron e incluso algunos llegaron a ser obispos y ministros. Todo esto provoca un malestar generalizado por parte del resto de cristianos que no eran conversos.

Años más tarde, la Iglesia comienza a acusar a estos conversos de practicar ritos judíos a escondidas lo que, por investigaciones, en gran parte era verdad, pero ellos no sabían que eran costumbres religiosas. Por prácticas como encender velas los sábados podían ser acusados de herejía. Con la unión de los Reyes Católicos, el clero reclama una inquisición a causa de las acciones judaizantes ya que eran una amenaza para la Iglesia católica y para España. El rey Fernando de Aragón acepta la propuesta de los religiosos por intereses políticos y económicos.

El primer paso del rey español fue ponerse en contacto con el Papa preocupado por la situación de los judíos en España. Sixto IV emite una bula papal que instauraba la Inquisición para erradicar a los herejes conversos. Este nuevo tribunal fue completamente diferente a todos los tribunales anteriores. Sería el propio rey quien controlara todos los aspectos de la institución llamada La Suprema. Lo cual significa que el propio Estado era el que comenzaba a tener el poder sobre la Inquisición. El primer auto de fe tuvo lugar en Sevilla, más de diez judíos fueron asesinados.

En los autos de fe se realizaba una ceremonia previa a la hoguera, donde a los acusados se les rapaba la cabeza y a los hombres se les afeitaba la barba. En España, la barba era una muestra de la virilidad del hombre, por lo que este hecho constituía una tremenda humillación. El principal objetivo de la ceremonia era maltratar y vejar a los acusados y asustar a la población al mostrar cuáles eran las consecuencias de la herejía. Durante todo este periodo más de 1.500 judíos fueron juzgados y un centenar condenados a muerte.

A diferencia de los herejes medievales que predicaban sus ideas religiosas en público, los judíos lo hacían en privado. Cualquier persona podía acusar a alguien por haber visto leer un libro que podría ser hebreo o haber escuchado a alguien susurrar una plegaria judía. Por tanto, todo el mundo acusaba a todo el mundo lo que provoca numerosas acusaciones y la Inquisición no da abasto. Muchos podían ser liberados si confesaban y daban nombres de sus compañeros herejes, muchas veces estos nombres eran inventados y confundían a los tribunales.


Tomás de Torquemada, el primer presidente inquisidor español redacta una serie de documentos que hoy en día aún se conservan, donde explica con el más minucioso detalle lo que debían o no debían hacer el resto de inquisidores. Por ello, a Torquemada se le considera el creador de la Inquisición española. En el siglo XV preside el periodo más sanguinario en España. Los historiadores saben muy poco acerca de este clérigo, pero se le acusaba de teólogo fanático, antisemita y extremadamente hostil hacia los conversos.

Se calcula que en los veinte años de mandato por parte de Torquemada se asesinaron a más de 2.000 personas y otros tantos fueron tremendamente castigados. En este periodo, la Inquisición se encuentra en su momento álgido y se gana a pulso su temible reputación. Tanto la Iglesia como las autoridades civiles seguían con la misma lógica aplastante, todos los conversos que rehuían de la Santa Inquisición eran, por defecto, culpables. Tras meses de terror, el acusado podía no saber los crímenes de los que se les acusaba.

A finales del siglo XV, algunos judíos conversos decidieron tomarse la justicia por su mano. Un inquisidor fue asesinado en su propia iglesia por parte de los conversos. Por el contrario, este hecho hizo que se les perdiera la poca simpatía que tenían los judíos. ¿Realmente practicaban los conversos el judaísmo en secreto o fueron cabezas de turco de la intolerancia? Sólo existen los documentos pertenecientes al Santo Oficio, por lo que podemos pensar que es verdad o que fue una falsa con el objetivo de erradicar a los judíos.

A petición de Torquemada, el rey Fernando de Aragón emite una nueva amenaza y ofrece la expulsión o el bautismo. Más de 40.000 judíos se exiliaron y el resto se convirtieron. Utilizaron la misma astucia de años anteriores. Los conversos no tendrían ninguna opción de sobrevivir. “No lloréis a vuestra partida, pues vosotros tenéis que beber vuestra propia muerte de un sorbo, mientras que nosotros tenemos que quedar atrás entre esta gente malvada recibiendo la muerte de ellos cada día” decía Juan de León, judío español converso.

A comienzos del siglo XVI, la orden de expulsión se amplía para incluir a todos los musulmanes no convertidos de España. Con estas expulsiones y bautismos forzados, surge un nuevo grupo, los moriscos. Por tanto, con los musulmanes se hace lo mismo que con los judíos. Las persecuciones de moriscos se triplicaron durante todo el siglo, sin embargo, éstos no pudieron o no quisieron adaptarse. Finalmente, a comienzos del siglo XVII, los inquisidores creyeron que era imposible convertir a los musulmanes y los expulsaron a todos.


Según los historiadores, la Inquisición española no utilizó aquello que la hizo famosa, la tortura. Esta práctica se utilizaba exclusivamente para sonsacar información y una vez obtenida, cesaba. No querían la tortura de ancianos, niños o enfermos. El problema no fue el número de torturas ejercidas, sino la brutalidad con que torturaban a los acusados. Fueran hombres o mujeres los prisioneros, se les desnudaban por completo. Así muchos inquisidores sentían sadismo y satisfacción sexual, ya que muchos no practicaban el celibato.

La garrucha, versión mejorada de la estrepada medieval se convierte en el método de tortura más común. El potro, probablemente el instrumento más famoso de todos, también era muy efectivo aunque tenía algunos inconvenientes. Una de las normas de la Inquisición era que no se podía derramar sangre y el potro casi siempre lo provocaba. La toca o tortura con agua se convierte en la tortura más popular. Consistía en introducir una pieza de ropa por la boca hasta la garganta y posteriormente introducir agua, lo que provocaba violentos espasmos.

“El buen juez debe hacer caso omiso de los gritos, lloros, suspiros, temblores o del dolor de los acusados y toda tortura debe realizarse con total cuidado para que el torturado no se vuelva loco ni sufra heridas” decía Jame Murander, testigo ocular de las torturas. Los inquisidores debían seguir los procedimientos tal cual se expresaban en los textos, con un rigor similar a los policías de hoy en día. Consiguieron realizar muchos cambios. El atuendo identificador de acusación medieval, por ejemplo se transformó en una túnica llamada sambenito.

Uno de los castigos más espeluznantes era ser condenados a las galeras españolas. Se cree que este castigo fue invención del mismísimo rey Fernando. No tenía nada que ver con la religión, pero se percataron de que los acusados eran castigados con penas inútiles, por lo que les utilizaban como remeros esclavos en los barcos. Después de la muerte ser enviado a galeras era la condena más temida de la Inquisición. Muchos de los acusados preferían ser quemados vivos, al menos decían, que era una muerte más rápida.

Con la expulsión de los judíos y los musulmanes, miles de estos exiliados se trasladaron a Portugal ya que aquí no tenían una Inquisición propia. El rey portugués Juan III, insistió en la creación del Santo Oficio luso. El rey convence al Papa y se consigue instaurar el tribunal. Con su creación, se persigue y se acusa a más de 2.000 herejes en los 34 autos de fe realizados. Los exiliados ya no estaban seguros en Portugal, por lo que regresaron a España donde consideraban que la Inquisición era un mal menos comparado con el país vecino.

Con la conquista de las américas y sobre todo, el Imperio Azteca en el siglo XVI, los españoles y portugueses conversos no tardaron en cruzar el Atlántico. Sin embargo, ambas inquisiciones los siguieron de cerca y no tardaron en perseguirlos en la recién fundada ciudad de México. No tardaron el celebrar un auto de fe, donde murieron en la hoguera dos conversos. Además, las instituciones religiosas luchaban contra las creencias paganas de los indios en un proceso largo y duro que se denomina la cristianización.

Posteriormente, la Inquisición pronto se enfrentaría al enemigo más peligroso de todos los tiempos, el protestantismo. Al mismo tiempo que las inquisiciones erradicaban a los judíos y musulmanes otra amenaza aparece en escena. En 1517, un sacerdote alemán llamado Martín Lutero deja su famoso tratado de 95 tesis a las puertas de la iglesia de Witenberg. Se trataba de un ataque acerbo a la Iglesia católica. “¿No es cierto que bajo el vasto cielo no existe algo más corrupto, más pestilente y más odioso que la Corte de Roma?” decía Lutero.

La carismática protesta del sacerdote alemán evoluciona hasta convertirse en una auténtica revolución religiosa. El movimiento de la Reforma sacude a toda Europa. A mitades del siglo XVI, las coronas de Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia, ya se habían acogido a la nueva religión llamada protestantismo. Como es lógico, el Papa estaba furioso. Era una peligrosa amenaza para Roma. Con sus puertos y ajetreada red europea de comercio era sólo cuestión de tiempo que las ideas protestantes empezaran a viajar a la España católica.


El descubrimiento de dos organizaciones protestantes en Sevilla y Valladolid, causa una oleada de pánico entre la población católica. El rey Carlos V que se había dedicado a la lucha contra el protestantismo en Alemania, exigía una purga rápida y despiadada. Su aliado en Roma, el Papa Pablo IV, vuelca todo el poder de la Iglesia en el ataque contra esta nueva religión. Emite una bula papal sin precedentes en la que se mostraba la permisibilidad a la Inquisición española de ejecutar a los ofensores que cometían un crimen por primera vez, incluso a los que se arrepentían.

La fiebre del antiprotestantismo llega a todas las grandes ciudades de España. Fueron quemados en la hoguera clérigos, monjas, militares e incluso niños. En unos años, el protestantismo se había eliminado por completo. España se caracteriza por la ausencia de protestantes. El sangriento ataque hacia éstos en el siglo XVI hizo que los autos de fe se convirtieran en un mero espectáculo teatral. El inquisidor general, Fernando Valdés, se propuso deliberadamente en hacer del auto de fe un pasatiempo, como puede ser el fútbol hoy.

Mientras España pudo erradicar al protestantismo, no pudo hacer frente a otra invención alemana, la imprenta. A finales del siglo XVI, numerosos documentos de testimonios de víctimas protestantes avivaron el negocio de forma importante. Los líderes protestantes que querían poner al mundo en contra del catolicismo español explotaron estos documentos y los dieron a conocer. Describiendo el horror causado por el Santo Oficio español, las torturas ejercidas y las injusticias proclamadas, todo ello recogido en el libro Los Mártires de John Fox.

Posteriormente se crea la Inquisición romana, la cual se puso en contra de algunos de los mejores pensadores del Renacimiento. Estaban muy preocupados por el tema de las escrituras y parece que Galileo las cuestionaba basándose en opiniones muy controvertidas por aquel entonces. El ataque de la Inquisición romana contra el protestantismo supuso mucho más que arrestos y ejecuciones. A finales  del siglo XVI, el Vaticano publica un índice de libros prohibidos, donde citaban autores peligrosos que cuestionaban la fe de Dios.

Tras el asesinato de Jordano Bruno, gran intelectual de la época, Galileo Galilei, también desata la ira de la Inquisición. En el siglo XVII publica dos libros: mensajero Celestial y Manchas Solares en los que defendía la teoría de Copérnico sobre la Tierra. Numerosos inquisidores denunciaron ciertos pasajes de estos libros y Galileo fue acusado de herejía. El astrólogo ya con 68 años viaja a Roma para enfrentarse a la Inquisición. Galileo se retracta de forma forzosa y es absuelto. ¿Debería Galileo haberse negado a retractarse?

En 1992, el Papa Juan Pablo II, anuncia oficialmente que la Iglesia se había equivocado de acusar al padre de la ciencia moderna. Los siglos XVII y XVIII fueron un periodo de declive para todas las inquisiciones. En España, aparte de la necesidad de erradicar a los conversos acusados de practicar secretamente el judaísmo, la Inquisición se centro en otros aspectos como la homosexualidad, la bigamia y el adulterio, así como los crímenes del clero. Los autos de fe siguieron celebrándose de forma esporádica hasta el siglo XVIII.

El rey Felipe II, rechaza expresamente acudir al auto de fe celebrado el mismo día de su coronación. La Inquisición a partir de 1730 desaparece por completo. Inspirado por los ideales y las reformas de la Ilustración, Portugal también desmantela su Santo Oficio. Fue necesario que el ejército de Napoleón invadiera Italia y España para acabar definitivamente con la Santa Inquisición. Algunas de las primeras acciones del rey francés al entrar en Madrid fueron abolir la Inquisición, confiscar todas sus propiedades y llevarse todos los archivos que encontraron.


Finalmente, en el año 1820, la Inquisición española fue ilegalizada completamente. Al oír la noticia, grupos de ciudadanos asaltaron el palacio y quemaron todos los informes inquisitoriales. A pesar de la aplastante realidad, el papado se niega a admitir que el final de la Inquisición era inevitable. El tribunal romano sigue ejerciendo teóricamente, no en la práctica, durante los siguientes 150 años. En 1965, el Papa Pablo VI, reorganiza el Santo Oficio llamándole Congregación para la Doctrina de la Fe.

En la actualidad aún existe aunque interviene como consejera de asuntos eclesiásticos. No realiza investigaciones ni impone la doctrina de la Iglesia. Desde la caída definitiva de la Inquisición son incontables los mitos y testimonios exactos que han surgido sobre su objetivo y sus prácticas. Los descubrimientos realizados en documentos nunca vistos han ayudado a desbancar que el número de asesinatos fue tremendamente exagerado.

Torturó a gente, impuso terribles castigos, quemó a personas, había teólogos fanáticos en las inquisiciones, había antisemitas en las inquisiciones, todo ello es innegable. Hay un hecho que la historia no puede negar, a pesar de que la Inquisición se concibió por el bien de la humanidad acabó causando un dolor y un sufrimiento humano inenarrables. Las inquisiciones existieron casi seis siglos y lucharon por imponer sus ideas sobre las demás, esa necesidad sigue existiendo en la actualidad.

Sin duda uno de los mayores conflictos religiosos de la historia.

LOS 5 SENTIDOS DEL PERIODISTA



“Hace 50 años este oficio se veía muy diferente a como se percibe hoy. El periodismo era una profesión de alto respeto y dignidad, que jugaba un papel intelectual y político. Un periodista era una persona de importancia, admirada. Pero esto ha cambiado en los últimos 20 años”.

Así comienza Los cinco sentidos del periodista del magnífico escritor y periodista polaco, ganador del Premio Príncipe de Asturias, Ryszard Kapuscinski. Un libro de verdadero valor para cualquier periodista, un libro que ofrece consejos para el correcto uso del periodismo y una serie de apreciaciones sobre los grandes medios de comunicación, un libro que plasma una visión del mundo actual y de la globalización; en definitiva, un tesoro periodístico.

Realiza reflexiones muy profundas que son dignas de figurar en las bibliotecas de todo el mundo. Reflexiones que hacen pensar, que hacen preguntarse algún que otro porqué que nunca antes uno se podía preguntar. Reflexiones dedicadas para todas aquellas personas que nunca se han parado a ver el mundo tal y como es, todas aquellas personas que simplemente dan un repaso superficial a la realidad.

El polaco se dedica a desentrañar todo aquello que la realidad esconde, todo aquello que no se ve a simple vista, lo que el silencio clama, todo aquello que hay detrás de una simple apariencia, todo aquello que se tergiversa, las verdades a medias que nos ofrecen los medios de comunicación. Es decir, el mundo que no se percibe y que está oculto, que no se quiere que se perciba ni que esté a la vista de cualquiera.

Por algo se ha expresado en otras obras y en los medios de comunicación, que el escritor polaco es uno de los grandes maestros. Es un sabio que no se dedica exclusivamente a transmitir una pequeña parte de su ciencia completa, ni las enseñanzas literarias que pueda ofrecer, sino que se dedica a compartir muy generosamente toda su experiencia del mundo periodístico.

Un hecho muy importante que refleja la profesionalidad de Kapuscinski es que nunca impone su conocimiento sino que lo demuestra con su magnífica obra y las acciones que siempre ha mantenido. Siempre está dispuesto a encontrar la verdad de las cosas, aunque le cueste algo más que buscarlas y escribirlas.

Los cinco sentidos del periodista recoge unas conferencias del escritor en Cartagena y en México, unos apuntes concretos de los cursos dictados en la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y unas posibles respuestas a preguntas realizadas por los alumnos. Su estructura es muy simple, el libro se divide en una serie de apartados; el oficio, los medios, el nuevo periodismo, la globalización y, por último, las preguntas del taller.


Cada apartado se subdivide en otros apartados o secciones. Algunas de estas secciones son: los periodistas y los trabajadores de los medios, un mundo virtual, la formación del cazador furtivo, cuestión de tiempo, maneras de escribir, distintas clases de libros, los caminos de la intuición, mirar de cerca, un término manipulable, el estado en la mira, la privatización de la violencia, burocracias globales, después del 11 de septiembre, mentalidad de aldea…y muchas más.

Cada sección ocupa muy poco espacio, pero son muy contundentes, aportan mucho contenido. Kapuscinski toca muchos temas periodísticos y de actualidad. Es una lectura obligatoria para cualquier amante de esta profesión. No simplemente por su lectura amena e interesante, sino porque es un autentico manual de cómo ser periodista y qué funciones debería desempeñar éste.

Cabe señalar, que el autor plantea numerosas paradojas a destacar: presenta el periodismo como una profesión cada vez más importante, a pesar de sus críticas y el estado actual de dignificación que sufre: “ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas”. Sin embargo, siempre mantiene que no son los medios de comunicación los que puedan solucionar los problemas sociales a nivel mundial, como la pobreza o la violencia, como algunas personas utópicamente creen.

Kapuscinski añade que el periodismo tiene el poder suficiente para participar y obrar en la mentalidad y en la sensibilidad de la sociedad, así como en la política: “debemos estar en guardia ante los que tratan de crear un nuevo tipo de mito, según el cual el desarrollo de los medios de comunicación resolverá los problemas de la humanidad”. Pensar así, no resuelve los problemas, se hacen mayores.

Para determinados sabios de la historia como Aristóteles el mejor gobernante es aquel que consigue ser el amigo de sus súbditos y hacer todo lo posible por su bien, para el escritor polaco es esa amistad el centro de su vida. Kapuscinski siempre ha mantenido que “la condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro” y que “el mejor camino para obtener información pasa por la amistad”.

En conclusión, el periodista ha de tener muchos amigos y estar bien rodeado de personas que influyan en algo. Esta profesión sin amigos no es viable, “durante mi experiencia profesional tuve muchos amigos que carecían de esta disposición de hacer amigos entre la gente, y tuvieron que dejar el periodismo porque no pudieron hacer mucho” manifiesta Kapuscinski en su libro.

Un buen periodista es capaz de ser competitivo, pero además, según el escritor polaco tiene que “ser capaz de tratar a los otros como sus amigos y no como sus enemigos, así puede desarrollarse y conocer el éxito”. Añade que los periodistas trabajan con las noticias y con las personas; “trabajamos con la materia más delicada de este mundo: la gente”. Además de esto advierte que “el criterio ético debe basarse en el respeto a la integridad y la imagen del otro”.


Kapuscinski, fue un hombre que se formó en el régimen comunista donde el periodismo estaba totalmente manipulado y se ejercía bajo la censura. A pesar de ello, en Los cinco sentidos del periodista, sostiene que ejercer el periodismo es una misión al servicio de la sociedad y que ha de girar siempre en torno a la verdad.

Hace memoria y recuerda la primera reunión de jefes de estado de África en el año 1963 como “el cierre de una época en la que el periodismo se vivía como una noble vocación a la que las personas se entregan plenamente y para toda la vida”, en aquella reunión se acabó el periodismo por tradición; es decir, mediante la pluma, sin cámaras.

La visión del escritor no es pesimista a pesar de sus declaraciones. Afirma que en la actualidad aún existen muy buenos medios de comunicación aunque algunos hayan optado por el entretenimiento. En estos tiempos, hace entender, que los periodistas han de ser liberales en cuanto a pensamiento. No tiene que poseer ninguna atadura de otras épocas y reconocer que hay que ofrecer lo que el público reclama.

Con el primer apartado del libro, el oficio periodístico, el autor expone las transformaciones que la tecnología y la visión de la información como negocio han ocasionado. Ya no importa si la noticia es verdadera. Si una noticia no es interesante y no se puede vender, entonces da lo mismo. Los medios actuales se han convertido en un perfecta herramienta para los políticos.

Los políticos usan a los medios con el objetivo de manipular la opinión pública. Son una especie de instrumentos de  poder que construyen su propio mundo virtual sin reflejar la realidad. Sólo se interesan por lo que el resto de medios dicen para no dejarse ganar por la competencia.

Kapuscinski reclama al buen periodista humildad, dedicación, esfuerzo, trabajo de calidad, estudio permanente, dedicación de tiempo, autocrítica y, sobre todo, pasión por lo que desarrolla. No defiende la objetividad ni el rigor, simplemente afirma que un buen periodista es aquel que se introduce en los hechos con su inteligencia y con su sensibilidad. Además, recuerda que ellos son miembros de la sociedad y han de protegerla con sus ideas y ejerciendo adecuadamente su profesión.

El penúltimo tema, la globalización, el autor que es un hombre de un largo recorrido internacional, por encima de muchos y, sobre todo, que ha estado en los países del tercer mundo viviendo con esa gente en las mismas condiciones de miseria, se muestra contra la rotunda afirmación de algunos, los que afirman que la globalización es la que acabará con la pobreza y el subdesarrollo. 

Por desgracia la pobreza se ha incrementado notablemente y cada vez vivimos en un mundo más globalizado, existe un nuevo colonialismo y los estados pobres y débiles se han multiplicado por diez. Reflexiona mucho sobre este tema y le da mucha importancia. Se olvida un poco del oficio periodístico para dar importancia a este gran problema internacional.

Analiza las teorías de Francis Fukuyana, la de Samuel Huntington y la de Joseph Nye, señalando sus miopías, sus defectos o su falta de novedad, para luego mostrar que a pesar de que todos vivimos en un mundo relativamente pequeño, donde el poder de cada persona, del pueblo es muy corto, de treinta años para acá nos toca pensar en todo aquello relacionado con lo global.

Como conclusión final, hay que destacar que aparte de lo interesante que son las observaciones y enseñanzas del autor, es muy interesante descubrirle a él directamente. En tan sólo 67 páginas hay muchos elementos que permitirían hacer una memoria, un libro biográfico sobre Kapuscinski. Se capta a un hombre corriente y a la vez excepcional.

A pesar de haber vivido en un régimen comunista de gran represión no guarda rencor, ni está condicionado por su vida pasada. Fue corresponsal en muchas guerras y por hacer su trabajo asumió muchos riesgos con gran valentía. Por las informaciones que he buscado sobre él, hay que señalar que fue un hombre de gran corazón que mantuvo su vida privada oculta y se centró en su profesión haciendo de ella un gran oficio.

En resumen, era disciplinado, dedicado, paciente, gran conocedor de la psicología humana, gran lector de todo tipo de lecturas, poeta y muy inteligente. Descubrió cómo poder trabajar complaciendo a la agencia de noticias de la cual era empleado y simultáneamente llenar a sus aspiraciones más hondas de escritor y poeta.

lunes, 30 de junio de 2014

LOS TRES JUEGOS OLÍMPICOS LONDINENSES


En 2012 Londres se convirtió en la primera ciudad mundial en albergar tres Juegos Olímpicos. Entre muchas otras anécdotas, en el resumen de las tres Olimpíadas que hago a continuación se pueden observar los tremendos cambios que a lo largo de la historia se han manifestado en el deporte, como por ejemplo, la participación femenina.

Londres 1908

Los IV Juegos Olímpicos celebrados en Londres supusieron un avance considerable de prestigio para el olimpismo moderno. En un principio fueron adjudicados a Roma, pero la capital italiana se echó atrás ante la previsión de los gastos que acarrearía el certamen. Londres presentó entonces su candidatura, que estuvo bien acogida por venir de la cuna del sport británico.

Se construyó un estadio olímpico con sus pistas reglamentarias, la natación se organizó de una manera más formal, se presentó el hockey, el fútbol, el remo y, de una manera fugaz, el rugby. Veinte deportes formaron parte del programa olímpico. Veintidós naciones y 2.059 deportistas (36 mujeres) participaron en unos Juegos Olímpicos que, por su tono y organización, se pueden calificar ya como los auténticamente modernos. Salió a flote una lógica rivalidad norteamericano-británica, como consecuencia del orgullo insular por demostrar la supremacía en algo tan ‘suyo’ como es el deporte.

El atletismo prosiguió su avance técnico y de nivel de marcas. Apareció el crawl en la natación, y apareció también por primera vez la frase que refleja el pensamiento predilecto de Coubertin: “Lo importante no es ganar, sino participar”.

La anécdota más pintoresca se produjo, como en Atenas, en la prueba del maratón. El italiano Dorando Pietri, que llegó el primero al estadio olímpico de Shepherd’s Bush, cayó agotado poco antes de alcanzar la meta; uno de los jueces le ayudó a levantarse y, por fin, tambaleándose, llegó al final. Sin embargo, fue descalificado por la ayuda obtenida y el segundo en llegar pasó a ser el vencedor.

Londres 1948

La segunda Guerra Mundial impidió la celebración de los Juegos correspondientes a las XII Y XIII Olimpíadas, y al terminar la contienda se decidió conceder a Londres la organización de la XIV. Después de París, Londres fue la segunda ciudad que se veía honrada por dos veces con la visita de la llama olímpica.

Aunque no acudieron Alemania ni Japón, países derrotados en la guerra, ni todavía la Unión Soviética, que no aparece hasta Helsinki, participaron un número récord de naciones y de atletas. Las mujeres eran ya en la capital británica 500. En una Inglaterra en pleno período de reconstrucción posbélica, en la que el ambiente no era muy propicio a fiestas de este tipo, los Juegos apenas gozaron de publicidad en el país, y su celebración tuvo poca repercusión popular. Pese a ello, se realizó un encomiable esfuerzo en cuanto a la preparación de instalaciones adecuadas, y los Juegos pudieron celebrarse en un ambiente austero pero digno; también la organización cumplió con éxito su cometido.

En Londres se revelaron nuevas estrellas del atletismo, como Zatopek, ganador de los 10.000 metros, y la holandesa Fanny Blankers-Koen, madre de familia y vencedora en 100 metros, 200, 80 vallas, y 4x100 relevos.

Hay que señalar un retroceso del atletismo finlandés, que se apuntó únicamente la victoria en jabalina. Las marcas no progresaron gran cosa respecto a las de Berlín de doce años antes, y en muchos casos fueron netamente inferiores.

Estados Unidos recuperó su supremacía natatoria, pero no logró ni un solo título en boxeo.

El torneo de fútbol tuvo gran calidad, dado que participaron selecciones de países que no reconocían el profesionalismo aunque de hecho éste existiera, como Suecia, Dinamarca o la antigua Yugoslavia, con jugadores que formaban en la selección de Suecia, con nombres tan famosos como Nordahl, Liedholm y Carlsson.

La Olimpíada blanca de turno tuvo lugar esta vez en Saint Moritz con la gran novedad de la inclusión, ¡por fin!, de las especialidades alpinas de esquí, que los nórdicos habían venido vetando hasta entonces.

Londres 2012

En la Olimpíada XXX, Londres se convirtió en la primera ciudad mundial en albergar tres Juegos Olímpicos. La Reina Isabel II fue la encargada de inaugurar la ceremonia de apertura que, en principio, vieron alrededor de cuatro billones de personas en todo el mundo.

Se celebraron 302 competiciones en 26 deportes oficiales del programa olímpico. Respecto a Pekín 2008, Londres 2012 contó con dos deportes menos: el béisbol y el softbol, que fueron eliminados durante la  Sesión del Comité Olímpico Internacional. Sin embargo, hubo algunas novedades: por primera vez se llevó a cabo el boxeo en la rama femenina; además, en el ciclismo de pista el número de competencias para cada género era de cinco, a diferencia de Pekín en el que había cinco para hombres y tres para mujeres; y en el tenis se agregó la competencia de dobles mixtos.

En total, participaron 204 federaciones internacionales, exactamente el número que se pudo ver en Pekín 2008. El número de atletas en los Juegos ascendía a 10.523, de los cuales 5.864 eran hombres y 4.659 eran mujeres. Aquí por ejemplo se encuentra una de las grandes mejorías que el tiempo ha conseguido imponer.
Estados Unidos, China y Reino Unido fueron los países triunfadores con 104, 88 y 65 medallas totales respectivamente. Michael Phelps se convirtió en el atleta más condecorado con seis medallas, que sumadas con las anteriormente conseguidas es el atleta con más medallas de la historia de los JJ.OO.

Una de las curiosidades que supusieron también un gran avance social fue que Arabia Saudí, Catar y Brunéi incluyeron en su equipo atletas femeninas. Así, Londres 2012  se convirtió en la primera edición de los Juegos Olímpicos en la que participaron mujeres de todas las delegaciones.

viernes, 16 de mayo de 2014

EL CASO ISABEL CARRASCO



La presidenta de la Diputación y del Partido Popular (PP) provincial de León, Isabel Carrasco, fue asesinada a tiros poco antes de las 17.30 horas del día 12 por una mujer. La edila, tras abandonar su domicilio se dirigía a la sede del partido para, a su vez, acudir a un mitin en Valladolid, cuando de repente recibió los disparos. Según la autopsia cuatro balazos, los dos últimos para rematarla. Carrasco se desplomó y falleció en el acto en el puente sobre el río Bernesga que une los paseos de la Condesa y de Salamanca.

La llamada de un policía jubilado, quien por casualidad pasaba por el lugar de los hechos, alertó al 112 Emergencias de Castilla y León y a la Policía. Al cabo de unos minutos se interceptó primero a María Montserrat González Fernández de 55 años de edad y, pasados unos instantes, a Montserrat Triana Martínez de 35, madre e hija respectivamente. Según los testigos ambas habían sido las causantes de la tragedia, por ello las detenciones se realizaron sin ningún tipo de mediación previa. Ese día, los hechos dejaron en shock a los habitantes de León que incrédulos se acercaron al lugar del asesinato.

Las 24 horas siguientes todo lo que se comentaba por la ciudad eran rumores y, a pesar de que, según la prueba de la parafina María Montserrat González había sido la que disparó el arma, ésta se mostraba tranquila. “¿Cuándo se va a aclarar todo esto de una vez para poder irme a mi casa?” se preguntaba mientras que su hija, desde otra comisaría de la ciudad afirmaba que “íbamos a Dulcinea a comprar bombones” a pesar de que la tienda de chucherías se encontraba cerrada. La entereza de las detenidas, que habían reiterado su inocencia durante todo el día, se quebró en cuestión de horas.

Al día siguiente, las detenidas lo confesaron todo tras varias horas de interrogatorios policiales. María Montserrat González confesaba la autoría del crimen: "Se acabó. Yo la maté, por venganza y porque se lo merecía; hizo mucho daño a mi familia. Planeé matarla hace dos años después de que dejara a mi hija en la calle. La odiaba. Ella tenía la culpa de todo. Pensé en matarla varias veces, pero no lo conseguí”. Más tarde, en su declaración ante la juez, la protagonista se ratificó en esta declaración. La hija, Montserrat Triana Martínez, que se había presentado a las elecciones locales del 2007 con el PP –mismo partido político de su madre y de la víctima– había sido despedida hacía dos años de la Diputación de León y debía una importante suma de dinero por una indemnización que más tarde resultó ser equivocada.

El móvil del crimen es, a priori, una venganza o ‘inquina’ personal pero lo que está claro es que hay gato encerrado en el caso. Además del despido y de la deuda de 11.046 euros que tenía pendiente con la institución por cantidades ‘mal cobradas’, existen más problemas que hicieron perder la cabeza a la presunta asesina y a su hija. Puede existir un lío de faldas arrastrado durante años, pero esto es, de momento, un rumor más. Por tanto, quedan muchas incógnitas por resolver y quizás nunca se sabrán. Como es obvio la juez ha decretado el caso bajo secreto de sumario.

Sea como fuere, a partir del asesinato, como es lógico, las fuerzas de seguridad acordonaron la zona en busca de pruebas y, sobre todo, del arma. Balística cuadriculó el área del asesinato, incluso el propio río. El arma fue una pieza fundamental en el caso porque sirvió para interceptar a una tercera persona implicada. Una Policía Local, Raquel R. G., entregó el arma al día siguiente del asesinato porque se la había ‘encontrado en el maletero del coche’ y supuestamente no sabía de su existencia. Las declaraciones de ésta ‘no son completamente creíbles’ por lo que ha sido imputada, además de suspendida de sueldo y apartada por el Ayuntamiento de León.

El arma con el que presuntamente María Montserrat González asesinó a Isabel Carrasco es un revólver de la marca Taurus del calibre 22 y cuyo número de serie está borrado. La presunta asesina la había adquirido por mediación de un toxicómano ya fallecido hacía dos años. Además del revólver, en el domicilio de las acusadas, los agentes de seguridad encontraron una segunda arma de fuego –que no fue usada–, medio kilo de marihuana y muchas consultas en internet sobre el uso y la adquisición de armas de fuego.

Actualmente, madre e hija permanecen en celdas separadas y con el protocolo antisuicidios en el Centro Penitenciario de Mansilla de las Mulas, un municipio cercano a la capital leonesa. Las dos mujeres, según los penalistas, se enfrentan a una condena de hasta 25 años de prisión, pero aún no se ha determinado por lo que no hay fecha oficial del juicio. La autora no muestra ni un atisbo de arrepentimiento y, según los expertos, tiene una entereza fuera de lo normal en estos casos. María Montserrat al ver la celda exclamó: “¡pues esto no está nada mal!”. Sin embargo, la hija, Montserrat Triana, está derrumbada, no para de llorar y tan sólo pregunta “¿dónde estás mamá?”.

El marido y padre de las detenidas, Pablo Antonio Martínez García, era el inspector jefe de la Policía de Astorga y por estos motivos ha sido relevado de su cargo por propia iniciativa y será trasladado a otra comisaría, según fuentes locales, a la de Gijón. El delegado del Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo, afirmó que “será recibido con todo el cariño. Ya estuvo 20 años trabajando aquí y se le recibirá con todo el cariño, porque esperamos que pueda recuperarse humanamente de la tragedia que vivió y de la que entiende que es ajeno”. Además, el inspector está colaborando con las investigaciones policiales. Todos los vecinos de Astorga afirman que la pareja estaba separada y que Martínez García ‘es una buena persona que seguro que no tiene nada que ver con lo sucedido en León’.

A pesar de ello, aunque el caso parece cerrado a la espera de la sentencia judicial, siguen existiendo rumores de todo tipo alrededor de los hechos pero hasta el momento ninguno de ellos ha sido confirmado.

ISABEL CARRASCO


Isabel Carrasco Lorenzo nació en Santibáñez (León) en 1955. Se licenció en Derecho por la Universidad de Valladolid y en 1980 comenzó a trabajar como Inspectora de Finanzas del Estado. Siete años más tarde fue nombrada Delegada Territorial de la Junta de León, cargo que desempeñó hasta 1991. Durante los siguientes cuatro años volvió a ejercer de Inspectora de Finanzas y en 1995 regresó a la política para quedarse.

Carrasco llevaba desde el año 2007 en el cargo de presidenta de la Diputación Provincial de León y, a lo largo de su trayectoria política, llegó a acumular 11 cargos públicos más. Presidenta del PP de León, concejala del Ayuntamiento de León, presidenta del Consorcio del Aeropuerto de León, presidenta del Instituto Leonés de Cultura, presidenta del Consorcio Provincial de Turismo, presidenta de Gersul, consejera de Tinsa, consejera de Caja España… y otros cargos más aunque de menor importancia.

Para unos, Carrasco fue la gestora que modernizó la institución con mano de hierro, para otros fue una corrupta más. Tras el asesinato, muchos usuarios manifestaron todo tipo de comentarios desafortunados en contra de la fallecida. Por éste motivo la Guardia Civil investiga en las redes sociales diferentes casos de apología al terrorismo mediante comentarios, canciones e imágenes. De momento un joven de 19 años ha sido detenido en Valencia y una concejala del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) se ha visto obligada a dimitir y pedir disculpas públicas por escribir el siguiente comentario en Facebook: “prefiero no comentar pero quien siembra vientos, recoge tempestades”.

En el solemne adiós de Isabel Carrasco en la Catedral de León, los obispos de León y de Astorga agradecieron la labor ‘de conservación del patrimonio religioso’. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; el expresidente José Luís Rodríguez Zapatero, el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera; el alcalde de León, Emilio Gutiérrez; los candidatos del PP al Parlamento Europeo, Miguel Arias Cañete y Esteban González Pons y la mayoría de principales autoridades políticas de España, participaron de la misa por la fallecida.

Por último, cabe destacar que el encargado de sustituir a Isabel Carrasco como presidente de la Diputación Provincial de León será Martín Marcos Martínez y el secretario provincial, Eduardo Fernández, asumirá el cargo del PP leonés temporalmente. El resto de cargos que poseía la asesinada serán suplidos tras varios días ya que, según el secretario general, Fernández Mañueco, por el momento “no hay ninguna prisa para sustituirla porque lo importante ahora es trabajar por las personas de León para ganar las Elecciones Europeas como querría Isabel Carrasco”.

viernes, 4 de abril de 2014

JAMES HUNT, EL PRIMER PLAYBOY DE LA FÓRMULA 1



1976. Gran Premio de Fórmula 1 de Japón. El último de la temporada. El austriaco Niki Lauda lleva 3 puntos de ventaja sobre el británico James Hunt. Al final, Lauda se retira por las condiciones meteorológicas que meses antes le propiciaron un tremendo accidente. James Hunt acaba tercero y se hace con el campeonato mundial.

No ha habido nadie que haya representado tan bien el arquetipo de piloto playboy como Hunt, de hecho aún la gente se pregunta cómo un hombre, cuyo entrenamiento estaba compuesto por, según sus propias palabras, ‘champán, Marlboros y sexo’, podía haber ganado un campeonato mundial. Pero así fue, lo consiguió.

Sin embargo, como pueden suponer, no fue el campeonato mundial del 76 el que le hizo famoso. Más allá de sus méritos deportivos, fue su tempestuoso carácter lo que le convirtió en un símbolo de la historia del motor. Un icono que, tras más de 20 años de su muerte, prevalece por muchos motivos.

El 24 de octubre de 1976, cuando James Hunt consiguió el campeonato mundial de Fórmula 1 en Japón fue entrevistado en directo por la cadena británica BBC. El padre y varios miembros de su familia se encontraban junto a él en el plató londinense y miles de británicos, quienes habían descubierto al automovilismo gracias a él, permanecían atentos a los televisores.

Antes de terminar la corta pero fructífera entrevista, el periodista Dickie Davies le preguntó sobre qué iba a hacer al terminar el programa. Hunt contestó sin darle tiempo al presentador: ‘voy a emborracharme’. A nadie le pareció extraño. Los hábitos de Hunt eran de sobra conocidos por todos, no escondía su mala o buena vida –depende de cómo se vea– ante ningún medio de comunicación, ante nadie.

Las dos semanas previas al último y decisivo Gran Premio de Japón, Hunt se preparó a base de alcohol, marihuana y cocaína mientras se acostaba con 33 azafatas de vuelo de la British Airways en su espectacular habitación del Hotel Hilton de Tokio. Su historia es tal que, el actor y director de cine, Ron Howard, plasmó en su película Rush (2013), parte de sus hábitos durante el campeonato de automovilismo de 1976.


James Simon Wallis Hunt, nació el 29 de agosto de 1947 en Belmont, Inglaterra, en el seno de una familia acomodada. El interés de Hunt por el automovilismo se hizo más real cuando, el día del decimoctavo cumpleaños, asistió como regalo a un Gran Premio de Silverstone. A partir de ese momento, Hunt supo que su sueño era ganar un campeonato mundial de Fórmula 1. Como he señalado antes, tras una carrera bastante tumultuosa cumplió su sueño en 1976.

Un campeonato mundial incluyendo 10 victorias, 33 podios y 14 pole positions, pueden parecer unos logros insignificantes respecto a otros grandes como Michael Schumacher, que consiguió 7 campeonatos mundiales, pero hasta que apareció James Hunt, ningún otro piloto tuvo un potencial icónico tan grande. De hecho, la mayoría de seguidores de la Fórmula 1 de los años 70, sobre todo británicos, se aficionaron por éste.

Al igual que la muerte en Italia del brasileño Ayrton Senna conmovió al mundo y logró un espectacular ascenso de aficionados al automovilismo, sin James Hunt tampoco se hubiera producido este fenómeno. Y es que Hunt era un hombre muy peculiar. Su mono de competición estaba adornado con un parche con la inscripción sex, breakfast for champions (sexo, el desayuno de los campeones) y a menudo se presentaba a los actos oficiales en chancletas y acompañado de su perro.

En la actualidad, es completamente inimaginable que alguien con el espíritu de Hunt pueda triunfar o siquiera competir. Pero en los años 70 la Fórmula 1 era un deporte totalmente diferente al que conocemos en la actualidad. No era un escaparate comercial y publicitario en el que gana el que más dinero tiene para invertir.

La década de los setenta se caracterizó por ser la más excitante de la Fórmula 1. La profesionalidad aún quedaba lejana y los pilotos campaban a sus anchas por el paddock. Los intrépidos pilotos afrontaban las carreras como si fueran las últimas. Esto podía ocurrir, ya que en esta época los coches eran máquinas indomables y las medidas de seguridad totalmente deficientes. Por tanto, la muerte estaba aceptada como en los circos romanos. Formaba parte del entretenimiento.

James Hunt solía hacer declaraciones arrogantes pero tampoco escondía sus debilidades. El británico hacía declaraciones de este tipo, ‘tengo las pelotas más grandes que los demás’, mientras, una vez en el habitáculo del automóvil, sufría inmensos temblores y vomitaba antes de tomar la salida a causa de la ansiedad y de los efectos de las drogas en sus habituales resacas.

El británico nunca había sido un talento en la parrilla, pero pocos pudieron tener su determinación para afrontar la vida. Sus comienzos en el automovilismo fueron discretos y su estilo de conducción temeraria le producía numerosos accidentes bastante aparatosos y asiduos. Los resultados que cosechaba eran pobres y por ello los ingleses le llamaban Hunt the shunt –algo así como Hunt el descarriado.

Fuera de las críticas y de frustrarse, Hunt sabía perfectamente que para triunfar en el automovilismo no bastaba con tener agallas sino atraer importantes sumas de dinero. De hecho, fue de los primeros pilotos que consideró esta segunda propuesta como la más importante que el resto de los factores. Gracias a su estética y carácter, no tuvo ningún problema en conseguirlo.

A pesar de ello, nada de lo que posteriormente pasó hubiera sido posible sin la inestimable ayuda de Thomas Alexander Fermor-Hesketh. Éste era un Lord inglés a quien, al igual que a Hunt, le encantaba la velocidad y el hedonismo. Por este motivo, en 1972 fundó la escudería que llevaría su nombre, Hesketh Racing, para competir en el campeonato de Fórmula 3. A pesar de la mala fama de Hunt, el Lord le fichó para encabezar el proyecto.


‘En lo que a mí concierne, fue un visionario. Había intuido mis posibilidades reales y logró liberarme del peso moral de considerarme un destroza-máquinas, como me llamaban mis colegas. Me transportó a un mundo de fábula’, declaró Hunt sobre Hesketh. Y todo ello era cierto. Pero, probablemente, le faltó añadir que Hesketh lo escogió porque percibió en el carisma de Hunt el perfil más idóneo para encabezar la apoteosis viciosa y juerguista en la que se iba a transformar la escudería.

Cuando el aristócrata inglés decidió dar el salto a la Fórmula 1, bajo las declaraciones ‘puestos a hacer el idiota, mejor hacerlo a lo grande’, el campeonato no estaba preparado para lo que iba a suceder. A pesar del elitismo que despertaba el automovilismo, no dejaba de ser la lucha entre pilotos por conducir y de técnicos con el mono manchado de grasa por hacer un coche más veloz que el del resto.

En cambio, en la escudería de Hesketh había más chicas rubias que mecánicos. Como el propio Hunt apuntaló en una de sus entrevistas, ‘el equipo tenía dos divisiones; estaban los trabajadores, que se esforzaban al máximo por sacar el mejor coche; y luego estaban los amigos de Alexander, que conformaban el lado social del equipo. Eran un grupo de fiesteros entusiastas. Ahí donde hubiesen estado, siempre estaban dispuestos a tomarse el primer vodka a las diez de la mañana. Al fin y al cabo, las carreras eran en fin de semana. Habrían hecho lo mismo si estuvieran en Easton Neston –la casa de campo que poseía Lord Hesketh en Northamptonshire. Lo único que hicieron fue trasladar la fiesta a los circuitos. Tenían la costumbre de invitar a estrellas del rock al paddock y fueron los primeros en introducir la idea de vender merchandising del equipo’.

Por fin el día del debut en la Fórmula 1 llegó, concretamente en Montecarlo y la presentación del equipo no dejo indiferente a nadie. Hesketh y su equipo se presentaron en un lujoso Rolls-Royce, con cajas de champán y kilos de ostras y caviar iraní. Durante los tres años que aguantó el equipo –todo lo que dio de sí la fortuna del aristócrata– dieron más que hablar que el resto de equipos a pesar de ni siquiera conseguir el podio. Sus after-parties se hicieron objeto de las cámaras y siempre fueron foco de atención por todos.

Nunca ganaban pero los continuos fuera de tonos del equipo daban mucho de qué hablar, lo que generaría millones de dólares. Poco después, al comprobar el poder del dinero, la Fórmula 1 se convirtió en lo que sigue siendo hoy en día: un circo mediático. Hesketh Racing tuvo gran parte de culpa. Por ello, tanto Hunt como su jefe cambiaron la historia del automovilismo hasta nuestros días.

En los tres años de la escudería de Hesketh, todo el equipo se alimentó del vicio. Hunt se casó con la modelo Suzy Miller, aunque tras año y medio de un ficticio matrimonio, ésta le abandonó por otro célebre alcohólico, Richard Burton. Sea como fuere, Hunt no se hundió sino que dejó otra frase para el recuerdo: ‘Relájate Richard. Me has hecho un grandioso favor llevándote la cuenta de gastos más alarmante del país’.

Cuando a Thomas Alexander se le acabó el dinero y tuvo que renunciar a la Fórmula 1, Hunt estaba sólo, hasta que poco antes de empezar la temporada de 1976, el mítico piloto Emerson Fitipaldi abandonó McLaren. A pesar de la situación de la escudería, tardaron en decidirse por Hunt, ya que era ‘un personaje demasiado inestable’. Finalmente, la operación se llevó a cabo. ¿Por qué?

El dinero todo lo puede y la insistencia de John Hogan, responsable de marketing de Marlboro, por entonces principal patrocinador del equipo, llevó al fichaje más mediático de aquella época. La insistencia de Hogan no fue casual. Hunt tenía un enorme poderío en los medios de comunicación. Su melena rubia y su picaresca le hacían ser el hombre ideal para la publicidad.


En los años 70, los publicistas se fijaban más en un hombre triunfador y playboy que en alguien que diera ejemplo a futuras generaciones. Un hombre que podía levantarse después de una intensa noche de sexo y drogas y que encima ganara las carreras era una auténtica bendición tanto para Marlboro como para McLaren. La publicidad es ficción y, al fin y al cabo, Hunt representaba todo aquello que todo el mundo quería ser pero en realidad lo que nadie podía hacer.

Hunt, George Best y Barry Sheene, fueron los británicos que, bajo su fama de guapos, melenudos, viciosos y mujeriegos, transformaron el mundo del deporte. Se convirtieron en símbolos de una época y fueron los primeros deportistas en demostrar que los atletas también podían tener el estatus de estrellas del rock. Por aquel entonces, futbolistas, tenistas o motoristas tan sólo eran mencionados en las crónicas deportivas. Con Hunt y compañía, deporte y glamour ya no eran conceptos antagónicos. Y todo ello no ha dejado de cesar hasta el día de hoy, de hecho, cada día es más y más real.

A pesar de todo ello, ¿se imaginan a Fernando Alonso borracho antes de empezar un Gran Premio fumando mientras habla con Lewis Hamilton de las azafatas de la parrilla? El expiloto Sir Stirling Moss se mostraba irónico: ‘en vez de ir a perseguir chicas, como hacíamos en mis tiempos, ahora cuando acaba la carrera los pilotos le van a dar las gracias a Vodafone’. Es decir, el dinero es el que tiene el control y por tanto, los pilotos tienen unas directrices que cumplir. Deben aparentar ser modelos de comportamiento a seguir.

Pero aquí voy a plantear algo. Cuando la imagen intachable de un deportista se ve afectada en un abrir y cerrar de ojos porque le pillan infraganti metiéndose, por ejemplo, cocaína, en este punto, se produce un caos. Por ejemplo, Tiger Woods, la figura mediática-económica de Estados Unidos, al ficharlo en 1996 le apodaron como el ‘chico de oro’ por antonomasia del deporte global. En 2009, tras haberlo conseguido todo y con unos ingresos de 100 millones de dólares anuales, se descubrió su verdadera cara.

La lista de ‘el tigre’ de infidelidades era inacabable y sus fiestas de alcohol y póker en Las Vegas eran comunes. El escándalo fue mayúsculo en todo el mundo. Tuvo que retirarse temporalmente del deporte y tuvo que pedir perdón públicamente. A Hunt esto no le hubiera pasado porque lo hacía abiertamente a ojos de todo el mundo. Por tanto, yo no defiendo el consumo de drogas ni la vida que llevaba Hunt en los circuitos, pero sí que en los años 70, aunque los modelos de comportamiento no eran modélicos, no existía la hipocresía que hay ahora en todos los deportes.

Por tanto, el mundo del deporte, especialmente de la Fórmula 1, necesita a más Hunts y Raikkonens. Gente que rompa las reglas y huya de modelos prefabricados por la publicidad. Seguramente, muchos deportistas son personas ingeniosas e irónicas, pero sus patrocinadores no les dejan ser quienes en realidad son.

El corazón de James Hunt dejó de latir a los 45 años en Wimbledon, Londres.

miércoles, 2 de abril de 2014

EL SANTO GRIAL ESTÁ EN LEÓN



El cáliz más importante de la cristiandad, la copa de la que bebió Jesucristo en la Última Cena se encuentra en la ciudad de León. Así lo han confirmado numerosas investigaciones y documentos inéditos que han salido a la luz tras un profundo letargo. La que hasta ahora había sido la copa de Doña Urraca, famosa por sus piedras preciosas y su gran trabajo de orfebrería, es la reliquia de la cristiandad de la que se han hecho numerosas películas, de la que se han escrito múltiples libros y cómo no, reportajes de todo tipo. Por fin se sabe que el Santo Grial se encuentra en la Basílica de San Isidoro, uno de los monumentos románicos hispanos más importantes.

La muesca que prueba el descubrimiento fue arrancada con una gumía de doble filo por Bani-I-Aswad, el jefe de la expedición que llevó a León la copa de la Última Cena en 1055. Durante el viaje, el cáliz fue custodiado por un obispo de Yalaliqa (nombre que recibía el Reino de León en las fuentes islámicas). La documentación necesaria para el hallazgo se encuentra en dos pergaminos localizados en la biblioteca de la Universidad de Al-Azhar, en El Cairo (Egipto), la más emblemática de todo el Islam, fundada en el año 975 y convertida en un gran centro de conocimiento por el sultán Saladino.

La medievalista y cronista de León, Margarita Torres Sevilla, y el historiador de arte, José Miguel Ortega del Río, autores del libro Los reyes del Grial, que llegará a las librerías muy pronto, desvelan todo el entramado, sin embargo, han reconocido que ‘el puzle no queda definitivamente cerrado’, aunque se están jugando su ‘prestigio académico con el ensayo’ y, por tanto, todos estos datos son verídicos. El principal escollo es una ausencia de conocimiento de 400 años, ya que el primer testimonio escrito sobre el Santo Grial data de esta fecha. La fuente con mayor fiabilidad y más antigua conocida es el Breviarius A, una ‘guía’ de Jerusalén que describe la capilla de Cristo y del cáliz.


El Santo Grial permanece en Jerusalén hasta el siglo XI. En el año 1096, fecha de la primera Cruzada, el cáliz desaparece misteriosamente de la ciudad santa. En ese año la famosa reliquia llevaba 41 años ya en León, el cual fue recibido en 1055 por Fernando I el Magno. Se trataba de un regalo del emir de la taifa de Denia, a quien le convenía tener un buen trato con el que, en ese momento, era el monarca más importante y poderoso de la Hispania cristiana. El rey leonés llevó a cabo parte de la Reconquista y como reza en su tumba del Panteón Real: “Hizo tributarios suyos, con las armas, a todos los sarracenos de España”. Además, la copa no llegó sola, estuvo acompañada siempre de numerosas piezas de un valor hoy en día incalculable que se pueden contemplar en el Museo de la Basílica de San Isidoro de León.

Los manuscritos que se han encontrado en El Cairo son de vital importancia para el hallazgo. En ellos se cuenta que el emir de Denia fue el único de todo el Islam que acudió a la llamada desesperada del califa fatimí ante la terrible hambruna que azotó a Egipto en el año 447 de la Hégira (2 de abril de 1055). El rey de Denia, envió un cargamento de víveres y pidió a cambio ‘la copa que dicen los cristianos que es del Mesías’ para enviársela a ‘Ferdinand Kabir, emir de Liyyun’ (Fernando el Magno, rey de León).

Por último, concretamente en el primer documento, se encuentra el recorrido del preciado cáliz. La Copa de Cristo fue robada de Jerusalén por los califas fatimíes de Egipto para ser entregada a un rey taifa español, el emir de Denia. Un viaje de 5.000 kilómetros hasta llegar a León. Otra prueba fundamental es el cáliz en sí mismo. Por su trabajo de orfebrería y su decoración es coetánea a tiempos de Jesucristo, se trata de los llamados vasos de murrina utilizados frecuentemente por la nobleza. Por tanto, todas y cada una de las pruebas que existen hoy en día conceden a la copa de Doña Urraca una importancia superior, la gran reliquia del Santo Grial.